The bard's song will remain
Myself, three personalities on my own
diumenge, 14 d’agost del 2011
El túnel del Metro
Palabras pequeñas para un boca grande que sabe cuando callarse y no sabe cuando hablar.
Ábrase un camino de sonidos que la mente pueda transmitir para que se puedan entender sin necesidad de pronunciar ni un sonido.
Una mirada compartida suple esta necesidad imperiosa.
Espesa negrura es lo que se ve cuando se quiere mirar.
Emigran sonidos del pasado al presente y del futuro al pasado balanceándose con su propio compás.
D.r.D
Ábrase un camino de sonidos que la mente pueda transmitir para que se puedan entender sin necesidad de pronunciar ni un sonido.
Una mirada compartida suple esta necesidad imperiosa.
Espesa negrura es lo que se ve cuando se quiere mirar.
Emigran sonidos del pasado al presente y del futuro al pasado balanceándose con su propio compás.
D.r.D
dissabte, 23 de juliol del 2011
Permíteme que, mientras el sueño me alcanza y miro las estrellas a traves de la ventana, piense en ti y te añore un poquito. A cambio podrás cerrar los ojos y soñarme.
Despertó sobresaltado. La excitación del sueño era demasiado real. Demasiado impactante.
Allí estaba ella, con lágrimas en los ojos, un pañuelo de papel arrugado en mano, sola, sentada en una silla en mitad de ninguna parte. Sólo ella... y él. Se acercó cautelosamente, casi con miedo de no espantarla, tendió una mano con un pañuelo limpio ¿Señuelo? Ella lo tomó sin tan siquiera mirarle a la cara. Con un hilo de voz delicado suave y casi inexitente, ahogado entre sollozos moribundos le dio las gracias. Respondió él con voz suave, calma y melosa. Una voz a todas luces para atraer su atención. Nunca le había gustado ver mujeres llorar y mucho menos si eran conocidas, Le hacían sentirse impotente, débil, pequeño, deseperado. Él no le apartó la mirada en ningún momento, y tapoco le soltó el pañuelo que ella acababa de coger. Eso la obligó a ella a mirarle a la cara, mirarle a los ojos.
No había nada que destacar en esa cara. Ojos marrones, nariz media y labios estándar. Se podría destacar que por ser una cara sin rasgos dignos de mención, era una cara vulgar. Nada más allá de la realidad. Todo el conjunto llamaba la atención porque todo encajaba perfectamente con todo, no había nada fuera de lugar con la excepción de las lágrimas que caían por sus mejillas dejando profundos surcos de sal.
En ese momento fue cuando él se acercó para susurrarle al oído algo que no recordaría segundos más tarde. Ella se lo quedó mirando a los ojos fijamente. Él quedó maravillado por la leve humedad de sus labios y entonces ocurrió. Se inclinó levísimamente hacia ella y sus labios se encontraron. Rápidamente él se apartó con miedo de haber cometido una estupidez pero ella en el momento que notó que sus labios se habían separado fue a buscarlos de nuevo. Lo necesitaba.
Ante el segundo contacto él puso su corazón y alma en sus labios. Los labios de ella estaban fríos, inertes, faltos del calor que el contacto con otros labios proporciona. La humedad de las lágrimas y de las veces que había pasado la lengua por ellos no ayudaba en absoluto. Ella se separó y abrió los ojos. Él abrió sus ojos a la par y vio algo en los de ella que supo que no olvidaría jamás. El tercer contacto de los labios fue apasionado,ardiente, necesitado por ambos. Pero los labios de ella se negaban a abrirse y a entregar su precioso secreto. Él, por su parte, decidió pasar sus brazos alrededor de ella en un abrazo que parecía que la estaba engullendo. Sus labios se abrieron tímidamente y la punta de su lengua salió un poco avergonzada camino de acariciar los labios de ella. Primero el de abajo, pequeños toquecitos como quien llama a la puerta, después el de arriba, acariciandolo tratando de eliminar ese frío que los tenía atenazados. Ya cuando iniciaba el camino de regreso, derrotada e insatisfecha, apareció un frescor nuevo, una cavidad oscura se abría delante suyo y cual animal salvaje que ve una salida, rápida como una serpiente se abalanzó la lengua de ella sobre la de él. Danzaron juntos por una eternidad. Ya la sal había desparecido y el frío no era más que un mero recuerdo en el infinito, ya no había pañuelo, ni silla.
Sólo la necesidad.
Sólo estaba el beso.
El deleite.
El placer.
Y sus labios no se separaron y hoy aun siguen su particular batalla y enfrentamiento. Y él solo puede seguir recordándolo como una de las más bellas historias que es capaz de recordar.
D.r.D
Despertó sobresaltado. La excitación del sueño era demasiado real. Demasiado impactante.
Allí estaba ella, con lágrimas en los ojos, un pañuelo de papel arrugado en mano, sola, sentada en una silla en mitad de ninguna parte. Sólo ella... y él. Se acercó cautelosamente, casi con miedo de no espantarla, tendió una mano con un pañuelo limpio ¿Señuelo? Ella lo tomó sin tan siquiera mirarle a la cara. Con un hilo de voz delicado suave y casi inexitente, ahogado entre sollozos moribundos le dio las gracias. Respondió él con voz suave, calma y melosa. Una voz a todas luces para atraer su atención. Nunca le había gustado ver mujeres llorar y mucho menos si eran conocidas, Le hacían sentirse impotente, débil, pequeño, deseperado. Él no le apartó la mirada en ningún momento, y tapoco le soltó el pañuelo que ella acababa de coger. Eso la obligó a ella a mirarle a la cara, mirarle a los ojos.
No había nada que destacar en esa cara. Ojos marrones, nariz media y labios estándar. Se podría destacar que por ser una cara sin rasgos dignos de mención, era una cara vulgar. Nada más allá de la realidad. Todo el conjunto llamaba la atención porque todo encajaba perfectamente con todo, no había nada fuera de lugar con la excepción de las lágrimas que caían por sus mejillas dejando profundos surcos de sal.
En ese momento fue cuando él se acercó para susurrarle al oído algo que no recordaría segundos más tarde. Ella se lo quedó mirando a los ojos fijamente. Él quedó maravillado por la leve humedad de sus labios y entonces ocurrió. Se inclinó levísimamente hacia ella y sus labios se encontraron. Rápidamente él se apartó con miedo de haber cometido una estupidez pero ella en el momento que notó que sus labios se habían separado fue a buscarlos de nuevo. Lo necesitaba.
Ante el segundo contacto él puso su corazón y alma en sus labios. Los labios de ella estaban fríos, inertes, faltos del calor que el contacto con otros labios proporciona. La humedad de las lágrimas y de las veces que había pasado la lengua por ellos no ayudaba en absoluto. Ella se separó y abrió los ojos. Él abrió sus ojos a la par y vio algo en los de ella que supo que no olvidaría jamás. El tercer contacto de los labios fue apasionado,ardiente, necesitado por ambos. Pero los labios de ella se negaban a abrirse y a entregar su precioso secreto. Él, por su parte, decidió pasar sus brazos alrededor de ella en un abrazo que parecía que la estaba engullendo. Sus labios se abrieron tímidamente y la punta de su lengua salió un poco avergonzada camino de acariciar los labios de ella. Primero el de abajo, pequeños toquecitos como quien llama a la puerta, después el de arriba, acariciandolo tratando de eliminar ese frío que los tenía atenazados. Ya cuando iniciaba el camino de regreso, derrotada e insatisfecha, apareció un frescor nuevo, una cavidad oscura se abría delante suyo y cual animal salvaje que ve una salida, rápida como una serpiente se abalanzó la lengua de ella sobre la de él. Danzaron juntos por una eternidad. Ya la sal había desparecido y el frío no era más que un mero recuerdo en el infinito, ya no había pañuelo, ni silla.
Sólo la necesidad.
Sólo estaba el beso.
El deleite.
El placer.
Y sus labios no se separaron y hoy aun siguen su particular batalla y enfrentamiento. Y él solo puede seguir recordándolo como una de las más bellas historias que es capaz de recordar.
D.r.D
diumenge, 22 de maig del 2011
Sácole brillo al grillo.
Hele aquí de nuevo, cansado y abatido, encerrado en un silencio que lo ensorcede. Salió al exterior para comprobar si existía alguna diferiencia entre el antes y el después. Se calzó con sus tradicionales deportivas, ropa deportiva cómoda, teléfono móbil, llaves de casa y el monedero con sus pocas monedas y su documentación. A su espalda cerró la puerta con su tradicional gentileza y esperó pacientemente el ascensor que acudía con pasmosa calma a su llamada. Nadie más en el bloque decidió salir o entrar en ese instante por lo que las charlas vacuas y vanales de los vecinos no le importunaron en esta escapada. Salió a la calle y ya lo primero que notó fue molesto. Ruido. Coches pasar, murmullo de gentes, música estridente... tardó demasiado en ponerse sus auriculares y aislarse del mundanal barullo de sinfonías desparejadas. Una vez aislado, la segunda molestia. La Luz. Había una claridad vergonzosa para las horas que eran, pero claro el invierno no puede durar para siempre y en algun momento la primavera y los días más largos han de regresar. Poco a poco toma el camino que le ha de llevar hasta el final de la calle donde con paciencia gira a la izquierda. Por delante una acera, 3 bocacalles y rodear un edificio de color verde. Sin pensar en el trayecto sigue andando atento a lo que suena en sus auriculares y a las ideas que fluyen por su maltrecha mente.
Fresas, dulce mermelada, empalagoso perfume atora su sentido del olfato durante veinte pasos, no le ha dado tiempo de aguantar la respiración para que no le violase de la manera que lo ha hecho. Veninte pasos despues el olor ya no es ni recuerdo. Una mirada furtiva cautiva su atención por un espacio de tiempo suficientemente largo como para atraer sus pensamientos. Unos ojos marrones con delicadas cejas y pestañas largas. Remarcable la ausencia de maquillaje y la falta de necesidad del mismo. Entre esos ojos se hallaba una nariz delicadamente perfilada y puntiaguda sobre unos labios serenos y serios que dibujaron una sonrisa pícara en cuanto sus miradas se cruzaron. De pómulos prominentes, cuello largo y cabello corto o recojido. Todo un deleite para un observador voraz. El tiempo se ha acabado y ya ha quedado atrás, de nuevo la acera está enfrente y con ella las bocacalles y el edificio verde. De pronto sus ideas giran entorno a lo mismo una y otra vez, no se cansan sus neuronas de divagar ni de vagar sin rumbo ninguno.
divendres, 15 d’abril del 2011
“…we are part of the story, part of the tale…”
Ensimismado en palabras que cobran diferentes vidas y a las que se le pueden atribuir diferentes significados, ve reflejadas las ansiedades y necesidades y logros y deseos de otras personas que ponen en su mente las imagenes de sus ideas y las pintan de diversidad y de anonimato. Así le atrapa el siguiente amanecer, con las manos en la paleta de letras, dando forma a un sueño nunca perseguido y nunca deseado. Quizá consiga hacer de ésto un proyecto con final y que no quede abandonado en los primeros estadíos de su nacimiento. Cierra todas las ventanas pero entreabre un pequeño portón para poder asomarse a un mundo bizarro de conocimiento supremo, donde brilla por su ausencia la fuerza de voluntad.
Y lo escupe con tesón sobre el virgen fondo de la ventana sin reflejo y sin transparencia, plasmando todos y cada uno de sus pensamientos. Hipocrita cínico está hecho pues no plasma ni la mitad del conocimiento que tiene ni tampoco la mitad de lo que quisiera dar a conocer. Llegará el día que lo haga, o eso espera, pero mientras tanto se conforma con escribir un primer capítulo introductorio, unas páginas para situarse él mismo en este nuevo mundo y situar a todo aquel a quien pueda dirigirse. No hay prisa, así que con suavidad teclea palabra a palabra, frase a frase, toda la serie de pensamientos que no escapan al tiempo y quedan como reminiscente de su pensamiento cuerdo.
Ah! Que iluso! Como si el hecho de aplicar suavidad al tecleo hiciese que las penas fuesen más dulces o incluso llegasen a ser agradables.
La Luz empieza a molestarle, los sonidos que trae la mañana también, los bostezos causados por la falta de sueño y las dosis de drogas ingeridas premeditadamente empiezan a ser más frecuentes y seguidos incitándole a abandonar o, cuando menos, posponer la tarea que trae entre manos hasta que de nuevo la escasez de luz y de ruidos molestos y cansinos le faciliten la labor de poder distraerse haciendo una de las pocas cosas que le gustan.
dilluns, 4 d’abril del 2011
La Mañana
La Mañana
Abril, inicio de privamera. La claridad gris de un cielo nublado le hizo darse cuenta de la hora tardía que era. Se había sumergido otra vez en esos mundos imaginarios que le distanciaban de esta realidad que nos envuelve. Ojos rojos y mirada cansada, cuerpo pesado y dolor de espalda, se arrastra como puede hasta llegar al cuarto de baño donde prepara para cortarse el pelo y adecentarse la barba. Se podría afirmar que no tiene un estilo característico ni una imagen propia, unas veces de una manera y otras de una totalmente diferente. Reflejo claro del rumbo que no tiene en su vida. Le espera su médico de cabecera para una visita rutinaria y ahí está, escuchando música mientras se acicala lo mínimo indispensable para no llamar la atención más de lo que habitualmente ya hace.
Tras un último vistazo a las últimas noticias coje su chaqueta, saca una grajea de goma de mascar y emprende la ruta corta y triste hasta el centro de atención médica. Allí, tras esperar unos minutos le atiende su médico. “pase al consultorio 5, sientese en la camilla y relajese que en breve iré a tomarle la tensión”. Suerte que llevaba su libro para entretenerse y olvidar el motivo de la consulta y el nerviosismo que despierta en él.
"Francia, 1815, Napoleón regresa de su destierro en la Isla de Elba y a su paso va reuniendo cada vez más y más soldados y gentes que simpatizan con él..." Lo que tiene darse cuenta que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Por fin el médico aparece de nuevo, le hace el chequeo y le da día y hora para la visita con la infermera. Hay que esperar una semana y un día más.
El paseo de regreso se antoja corto y sin embargo se hace eterno. Cada paso es un alfiler que, con suma delicadeza, perfora todos los puntos de dolor que pueda tener alguien en la espalda y la meta no proporciona alivio alguno pero hay que llegar. Espera el cocktel de Iboprufeno con Paracetamol bañado por una chispeante gaseosa para disimular los gustos de tan amargos sabores.
Se sienta delante de su ventana al mundo y lee los titulares de las últimas noticias... ¿o deberíamos decir de las catástrofes? Nada positivo saca de los titulares por lo que no se lee ninguna de las noticias, Mal de muchos, remedio de tontos. Decide acostarse a ver si le pasa el dolor ahora ya mitigado despues de ingerir su ración de drogas correspondientes y pide que le despierten a la hora de comer.
Come y vuelve a asomarse a esa ventana opaca de conectividad distante y diáfana, se pierde en miradas vacías y en silencios mudos. Por mucho que lea no aprende y por mucho que aprende apenas si se sacia. Las horas transcurren con una velocidad pasmosa haciendo que llegue el anochecer sin ser anunciado y con él la cena y la diversión de más horas con la mente centrada en el exterior de esa ventana. Su único consuelo real es poder escuchar música constantemente, alejar el silencio con vibrantes sinfonías de diferentes estilos y tendencias.
D.r.D
Abril, inicio de privamera. La claridad gris de un cielo nublado le hizo darse cuenta de la hora tardía que era. Se había sumergido otra vez en esos mundos imaginarios que le distanciaban de esta realidad que nos envuelve. Ojos rojos y mirada cansada, cuerpo pesado y dolor de espalda, se arrastra como puede hasta llegar al cuarto de baño donde prepara para cortarse el pelo y adecentarse la barba. Se podría afirmar que no tiene un estilo característico ni una imagen propia, unas veces de una manera y otras de una totalmente diferente. Reflejo claro del rumbo que no tiene en su vida. Le espera su médico de cabecera para una visita rutinaria y ahí está, escuchando música mientras se acicala lo mínimo indispensable para no llamar la atención más de lo que habitualmente ya hace.
Tras un último vistazo a las últimas noticias coje su chaqueta, saca una grajea de goma de mascar y emprende la ruta corta y triste hasta el centro de atención médica. Allí, tras esperar unos minutos le atiende su médico. “pase al consultorio 5, sientese en la camilla y relajese que en breve iré a tomarle la tensión”. Suerte que llevaba su libro para entretenerse y olvidar el motivo de la consulta y el nerviosismo que despierta en él.
"Francia, 1815, Napoleón regresa de su destierro en la Isla de Elba y a su paso va reuniendo cada vez más y más soldados y gentes que simpatizan con él..." Lo que tiene darse cuenta que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Por fin el médico aparece de nuevo, le hace el chequeo y le da día y hora para la visita con la infermera. Hay que esperar una semana y un día más.
El paseo de regreso se antoja corto y sin embargo se hace eterno. Cada paso es un alfiler que, con suma delicadeza, perfora todos los puntos de dolor que pueda tener alguien en la espalda y la meta no proporciona alivio alguno pero hay que llegar. Espera el cocktel de Iboprufeno con Paracetamol bañado por una chispeante gaseosa para disimular los gustos de tan amargos sabores.
Se sienta delante de su ventana al mundo y lee los titulares de las últimas noticias... ¿o deberíamos decir de las catástrofes? Nada positivo saca de los titulares por lo que no se lee ninguna de las noticias, Mal de muchos, remedio de tontos. Decide acostarse a ver si le pasa el dolor ahora ya mitigado despues de ingerir su ración de drogas correspondientes y pide que le despierten a la hora de comer.
Come y vuelve a asomarse a esa ventana opaca de conectividad distante y diáfana, se pierde en miradas vacías y en silencios mudos. Por mucho que lea no aprende y por mucho que aprende apenas si se sacia. Las horas transcurren con una velocidad pasmosa haciendo que llegue el anochecer sin ser anunciado y con él la cena y la diversión de más horas con la mente centrada en el exterior de esa ventana. Su único consuelo real es poder escuchar música constantemente, alejar el silencio con vibrantes sinfonías de diferentes estilos y tendencias.
D.r.D
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